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Creación de una asociación o fundación

Creación y regulación de Fundaciones y Asociaciones

Se suele entender por emprender iniciar ese negocio o esa obra en la que se ha puesto un gran empeño, además de la experiencia profesional y vital del emprendedor. Una iniciativa con la que se quiere a dar respaldo a una serie de metas profesionales, y también sociales. Porque cualquier empresa tiene una dimensión social, en su capacidad para generar actividad y riqueza en su entorno. El emprendimiento social se centra en este último aspecto, dando cabida a las inquietudes que una empresa o una institución mantienen por dar respuesta a necesidades y aspiraciones sociales. Fundaciones y asociaciones son formas jurídicas que se diseñan específicamente para iniciar un proyecto con fines sociales, y que necesitan una serie de requisitos específicos para poder iniciar sus acciones.

¿Qué es una fundación?

Una fundación es, por definición, una organización sin fines de lucro que tiene en sus intenciones perseguir fines de interés general que beneficien a colectivos determinados o genéricos. Su patrimonio, tanto inicial como futuro, queda sujeto a estos fines de interés general, incluso en el supuesto de que se procediese a la disolución de la fundación. Para considerar si es esta la forma jurídica adecuada a las intenciones de beneficio social que se busca cubrir es importante tener claras sus características.

Características de una fundación

Sus fines deben ser de interés general y buscar beneficiar a colectividades. Su vocación suele ser indefinida, y este es el modo más generalizado, aunque también pueden instituirse con una duración temporal.

Deben ser constituidas con una aportación mínima de 30.000 euros. Este capital debe ser aportado por el fundador o fundadores, y es posible hacer un desembolso sucesivo. En ese caso, el desembolso inicial deberá ser, al menos, del 25 %, y el resto deberá hacerse efectivo en un plazo no superior a cinco años. Si la aportación no fuera dineraria, debería realizarse una tasación por un profesional independiente, e incorporarla a la constitución de la fundación.

Su actividad no puede rendir beneficios económicos, ni de forma directa ni indirectamente, al fundador o fundadores ni a los patronos que gobiernen la fundación, ni a persona singularizada alguna.

En caso de disolución el remanente económico o patrimonial se destinará a otra entidad sin fines de lucro o a una institución pública. Ni fundador o fundadores, ni terceros, recuperarán las aportaciones realizadas.

Una fundación estará sujeta a supervisión por parte de la administración, a través de la figura del protectorado, que tras la rendición anual de cuentas se encargará de la supervisión del presupuesto y del plan de actuación. Se supervisará igualmente la tramitación de autorizaciones para determinados actos de disposición de patrimonio.

Sobre estas características, hay que aclarar que no tener ánimo de lucro significa que no se podrán repartir los posibles beneficios económicos anuales entre los fundadores y asociados. Sí se puede, incluso es lícito buscar, tener excedentes económicos al finalizar el año y realizar actividades económicas que puedan generar excedentes económicos; simplemente, dichos excedentes deberán reinvertirse en el cumplimiento de los fines de la entidad. Y, por supuesto, no beneficiar a personas singulares con las actividades de la fundación no implica que no se puedan tener contratados laborales en ella.

Diferencias entre asociación y fundación

¿Qué no es una fundación?

No todos los proyectos de interés social son una fundación. Si se tienen este tipo de fines, pero no se descarta una retribución del capital invertido a través del reparto de los posibles beneficios, no estamos ante una fundación. Este caso estaría en el ámbito una sociedad mercantil. Cualquier empresa puede tener objetivos sociales, sin que ello sea un impedimento a que se repartan los beneficios generados tras la consecución de esos fines. Es algo totalmente legal y legítimo, pero no es una fundación.

Otros proyectos de interés social, en los que se busca una retribución o una recuperación del trabajo invertido en su desarrollo, entrarían en el ámbito de las cooperativas. Se trata de empresas adscritas a la economía social que tampoco son consideradas fundaciones.

¿Qué es una asociación?

En ocasiones, constituyéndose en ausencia de un patrimonio inicial, muchos proyectos sociales y de interés general se materializan a través de la forma jurídica de la asociación.

Una asociación sin ánimo de lucro es una agrupación de personas organizadas para realizar una actividad de tipo colectivo. En este tipo de agrupaciones se establece una diferenciación entre el patrimonio de la asociación y el de sus asociados. Una asociación de este tipo tiene personalidad jurídica, de modo que pueden adquirir derechos y contraer obligaciones. Tras dos años de funcionamiento se podrá solicitar la declaración de utilidad pública, lo que supone la equiparación administrativa y fiscal con la figura de una fundación.  Una asociación puede perseguir un fin común de interés general o privilegiando el enfoque en sus socios.

Las características esenciales de las asociaciones pasan por la ya comentada ausencia de ánimo de lucro, y estar constituidas por un mínimo de 3 personas físicas o jurídicas con objetivos y actividades comunes. Deben tener además independencia de otras organizaciones y un funcionamiento democrático en sus órganos de decisión.

Ambas formas jurídicas, asociaciones y fundaciones, tienen una fiscalidad y un régimen contable con sus características particulares, por lo que siempre que se esté pensando entrar en este ámbito es recomendable recibir la asesoría de profesionales expertos en derecho fiscal.